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Es Jueves. Otro día más de la semana. Llego al trabajo jodido, como siempre (¿a quién le gusta ir a trabajar?). Pero bueno, mañana es viernes y llega el fin de semana, así que a esperar que pasen las horas.
No esperaba abrir la prensa a mitad de la mañana y encontrame aquello. De nuevo había pasado. De nuevo sangre y muerte. Lo primero que me viene a la cabeza es: "¿pero qué coño se les pasa a estos hijos de p... para cometer semejantes atrocidades?". Porque hay que ser sanguinario para poner poner bombas en sitios públicos concurridos y pensar: "Venga, a ver si tenemos suerte y les quitamos la vida a 300 personas o más". No me entra en la cabeza. No tiene explicación ni justificación. Ni los ideales políticos, religiosos o de cualquier otra índole pueden ser utilizados como excusa para lo que pasó el jueves en Londres (y que anteriormente habíamos conocido ya en Madrid o en Nueva York).
Pero (y siempre hay un pero) no creo que la solución sea mirar siempre en la misma dirección y fijarnos en los errores y atrocidades de los demás sin examinar primero los nuestros propios. Estoy cansado de ver por la televisión estas masacres, de ver cómo la gente en muchas ciudades (sobre todo en Estados Unidos) va con miedo por la calle, pero también estoy cansado de ver las mismas atrocidades al otro lado. Los países occidentales (con el citado anteriormente a la cabeza) llevamos mucho tiempo cometiendo atrocidades por una razón tan misera como el interés económico. Aunque alguno se eche las manos a la cabeza esta es la justificación más ruín y miserable que un ser humano puede argumentar para quitarle la vida a otro. Me niego a creer que todas las personas sobre la faz de la tierra seamos incapaces de convivir en paz, cada uno en su sitio, con sus ideales y creencias. Me niego a creer que sea imposible erradicar el hambre en los países tercermundistas. Me niego a creer que se derrocase el régimen de Sadam Hussein simplemente porque era un dictador. Me niego a creer que George Bush es una buena persona y actúa en beneficio del mundo. Me niego a creer que la gente piense realmente que los miles y miles de personas masacradas en Irak en los dos últimos años los son por una razón justificada. Me niego a creer que todos los días mueran 50.000 niños en África porque no hay medios para evitarlo. Y me niego a creer que sea necesario gastarse 300 millones de euros en estrellar un trozo de metal contra una piedra en el espacio.
Lamentablemente el mundo se mueve actualmente por ideas vanales y deshumanizadas. Lo único que importa es el poder y el dinero. Y, aunque algunos sean incapaces de admitirlo, esto nos ha llevado a cometer errores donde veíamos que podíamos sacar "tajada". Y con ello hemos conseguido que exista gente que de respuesta a esos errores con otros errores igualmente punibles. Es la historia del mundo. La ley del talión. Ojo por ojo y diente por diente. Mientras no seamos capaces de ver, admitir y corregir esto veremos, lamentablemente, más familias destrozadas como las de la mañana del Jueves 7 de Julio en la capital inglesa.